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22 octubre, 2014

Beatriz Canaán de Rincón, galerista: “no busco reconocimiento con mis acciones”



publicado el Martes 16 abril 2013
8:00 AM

Maracaibo (EntreSocios). Decir su nombre es sinónimo de prestigio, y de un prestigio labrado ante la opinión pública marabina: Beatriz Canaán de Rincón. Es una de las galeristas más reconocidas de la ciudad, además de orfebre, promotora cultural, bibliotecaria y filántropa abocada a diversas causas sociales.

Aunque agradece a la ciudad su reputación, sostiene que su proceder no tiene el propósito de sostener esa buena imagen. “Si algo debo decir con el corazón en la mano –afirma- es que no busco reconocimiento con mis acciones. No me importa si soy presidenta o vocal de una fundación, pues lo que me interesa es ayudar. Además, no soy yo quien ayuda; es Dios a través de mí. Somos instrumento de Él. Cada idea que surge de mi mente proviene de la inspiración divina”.

Admite, sin embargo, que dicho prestigio ha logrado mantenerlo procurando hacer bien cada labor en la cual se compromete, y en equipo; prueba de ello es la Feria Internacional de Arte y Antigüedades de Maracaibo (FIAAM) –de la cual es su fundadora-.

“Siempre intento hacer las cosas bien. Cuando no suceda así, me encantaría reconocer ese error y que otros me lo dijeran. Un error deja de ser un error cuando se reconoce”, sostiene.

 

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Nuestra invitada nació en nuestra ciudad, aunque fue criada en Valera. Son sus amigas desde la infancia mujeres de la talla de Nelly Hernández de Pineda y Lilia Boscán de Lombardi, entre otras que emulan su reconocimiento público.

Según el Diccionario General del Zulia, de Luis Guillermo Hernández y Luis Ángel Parra (1999), cursó estudios de traducción simultánea y de bibliotecaria tanto en España como en Inglaterra.

Tuvo la oportunidad de conocer muchos países durante su juventud y de quedarse a vivir fuera; a pesar de ello, prefirió radicarse en la urbe que la vio nacer.

“Desde siempre, Maracaibo me cautivó por ser una ciudad muy familiar y acogedora, algo que no se ve en otras partes del mundo –y eso que he viajado bastante-. Uno se siente bien donde es feliz, y aquí soy feliz”, dice.

Esa felicidad la complementó casándose con Énder Rincón, en 1964, con quien tuvo cuatro hijos: Enrique, Ana María, Roberto y Fernando. Entre todos le han dado seis nietos, siendo la mayor de 20 años y la menor de tres. “Me encantaría ser bisabuela”, admite.

Hasta el 2006, la señora Beatriz había dicho que nunca se iría de Maracaibo. Un hecho trágico ratificó esa sentencia: la desaparición física de su hijo menor. Muestras de solidaridad se hicieron sentir a su alrededor en ese momento, de todos los sectores de la sociedad.

“Desde ese momento digo que nunca me iré de aquí. Ese hecho marcó mucho mi vida. Aquí me entierran, y espero poder seguir trabajando en esta ciudad hasta el último de mis días. Si no hubiera sido por la compañía y el amor de personas de diversos estratos (los de arriba y los de abajo), no hubiéramos podido soportar ese dolor tan grande en mi familia. Maracaibo es inigualable”, ratifica.

A ella -como es lógico- no le gusta ahondar en este capítulo, sin embargo, hay una carta suya en Internet que explica lo sucedido, para quienes desconocen los hechos. Ella la envió al semanario Quinto Día sin la intención de que se hiciera pública, luego de leer un artículo en donde, a su juicio, se trataba con ligereza el tema de la cirugía bariátrica. Fernando murió tras complicarse luego de esa operación.

“Queremos ayudar, con esta denuncia y sin pretender hacerle daño a nadie, a prevenir las consecuencias nefastas por la falta de información en este tipo de operación…
No odio al médico que operó a mi hijo, pero lo operó por laparoscopia y no debía hacerlo… Que la sabiduría que Dios le dio la use responsablemente por el bien de la humanidad, y que no cubra con excusas de situaciones que ya no tenían remedio”. Estos son algunos extractos de la misiva.

A pesar del dolor, la familia decidió no denunciar lo que, de acuerdo con su criterio, fue un caso de mala praxis médica. Y es en este momento, oportunamente, cuando la señora Beatriz menciona de nuevo su reflexión sobre los errores humanos.

“Una persona no puede ser prepotente y creer que todo lo que hace está bien hecho, y no hay culpa de nada. Mi hijo se fue porque se cumplió el tiempo en que Dios dijo que tenía que estar en la Tierra: 30 años. Fueron 30 años felices, donde dio y recibió amor. Si es Dios quien perdona, ¿cómo no lo vamos a hacer nosotros, que somos mortales?”, se pregunta.

Han pasado más de cinco años desde aquel momento. Nuestra invitada dice que ya no necesita escuchar un “lo siento”. Por el contrario, desea que cada vez más personas respalden a la Fundación Fernando Rincón Canaán, la cual aspira a crear un centro de obesología en Maracaibo. Dicha fundación también respalda la labor de noveles artistas plásticos, procura la dotación de bibliotecas y se dedica a impartir charlas sobre bioética.

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Perder para ganar. Beatriz Canaán de Rincón siente fortalecida su fe en Dios desde que su hijo menor abandonó la Tierra. Por eso, procura ser la primera en levantarse en su casa –de 4:30 a 5:00 de la mañana- para vivir momentos que sólo se disfrutan en soledad y silencio.

A esas horas se queda contemplando obras de arte, lee un libro (entre ellos “Las glorias de María”, de San Alfonso María de Ligorio), visita el cuarto de Fernando o, simplemente, se asoma a la ventana para ver el amanecer reflejado en el lago. Sea lo que sea que haga de madrugada, siempre la acompaña una taza de café negro sin azúcar. Puede tomarse hasta más de cinco en el día sin que ello le genere insomnio.

“Mi razón me dice que lo que debo hacer es quedarme sentada en una butaca de mi casa leyendo un libro y ya, pero mi fe me dice que debo levantarme y salir”, señala. Y lo hace. A las 7:00 de la mañana se le ve todos los días acudiendo a la misa en la parroquia Padre Claret, y luego de varias diligencias personales acude a la que considera su segunda casa o una extensión de la suya: 700 Tienda de Arte y Antigüedades.

Esta galería, ubicada en el centro comercial Costa Verde, tiene más de tres décadas ofreciendo al público una exquisita colección de piezas de arte nacionales y extranjeras, además de antigüedades, joyas y exposiciones individuales y colectivas. La señora Beatriz ha logrado mantenerla a flote, como dice, en las buenas y las malas. En tal sentido, agradece a su equipo de trabajo, a los amantes y coleccionistas del arte y a los artistas que le han confiado sus trabajos.

Luego, por lo general, regresa a casa para almorzar. Si fuera por ella, comería todos los días –o por lo menos con mucha frecuencia- las hallacas andinas que en vida podía prepararle su mamá. Por fortuna, una empleada doméstica de confianza en la familia sabe hacerlas igual, con una masa y aliño que define como “especiales”.

Cuando no es una hallaca lo que está en la mesa al mediodía, nuestra invitada opta por recordar a sus ancestros libaneses a través de cualquier plato típico de la gastronomía de ese país. Sea cual sea su opción, nunca ingiere bebidas gaseosas y espera hasta el final de la degustación para tomar un vaso con agua. Es una costumbre cultivada desde niña.

Mientras ella ingiere a esas horas el plato de su preferencia, su esposo siempre opta por un almuerzo al estilo “gringo”, bien sea una hamburguesa o sándwich. Para él, resulta más práctico y sabroso este menú.

“En eso ha radicado la felicidad de nuestro matrimonio”, expresa la señora Beatriz. “Énder y yo somos personas completamente diferentes, pero respetamos el gusto de cada quien y existe mucho amor y cooperación entre nosotros”.

Una tarde típica en la vida de nuestra invitada implica regresar a la galería o, en ocasiones, asistir a un té o actividad benéfica. Colabora directamente con el Hogar San José de la Montaña y respalda causas como las de la Fundación Amigos del Niño con Cáncer (Fundanica) o el Hogar Santa Ana. También ha desarrollado su lado filantrópico a través de la Cámara Junior, Rotary Club y la extinta Casa Americana –de la cual fue su directora y promotora cultural-.

Anteriormente presidió la Sociedad de Amigos del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAMLB), desde donde impulsó la FIAAM y el apoyo que este evento brinda todos los años a Fundanica.

“Colaboro con todas las fundaciones en las cuales puedo ser útil”, recalca. “Tenemos el deber moral de ayudar a los demás. Todos podemos dar de nuestro tiempo y recursos económicos para respaldar una causa benéfica. Si hacemos eso lograremos un mejor país”.

Las noches de nuestra invitada son cada vez más caseras, a menos que deba cumplir con algún compromiso social –como suele suceder-.

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En su condición de católica practicante, Beatriz Canaán de Rincón se siente dentro de un camino ascético, mientras intenta cultivar diversas virtudes. La humildad es, a su juicio, la más difícil de todas. “Me gustaría ser humilde, pero creo que me falta mucho, mucho, mucho”, reconoce.

No esquivó el compromiso de darnos una respuesta al preguntarle sobre sus defectos, al mencionar por ejemplo la gula y la pereza. “Deberíamos ser más comedidos en lo que comemos… (dice en plural). Estoy trabajando en eso. Reconozco también que podría ser menos perezosa. Luego de leer la historia sobre la vida de tantos santos, sé que puedo dar más. Una de las cosas que también evito día a día es quejarme. No debería quejarme por nada, ni siquiera del calor. ¿Que si lo estoy logrando? Más o menos” (risas).

Así como valora las virtudes, valora también la amistad. Cuando le pedimos un “top five” de sus mejores amigos o amigas prefirió no dar ningún nombre, pues según dice, la lista es larga. “Cinco peldaños no me van a alcanzar. Tengo a mi alrededor mucha gente valiosa: amigas, comadres… Son mucho más de 10, te lo aseguro”.

A pesar de su reconocida trayectoria, señala que aún le falta una meta muy importante por cumplir: tener su propio taller de joyería. Hasta ahora se ha dedicado al diseño de estas piezas, por las cuales ha ganado reconocimientos importantes como el premio especial para joyas contemporáneas en el concurso internacional de la Asociación Jacques Gautier de París (1991). Su trabajo también ha sido distinguido con el gran premio de la Asociación Venezolana de Artistas del Fuego-mención joyería (1992) y el premio de orfebrería del XX Salón Nacional de las Artes del Fuego (1993).

Por lo pronto, disfruta su quehacer diario y aprovecha cada oportunidad que tiene de viajar. Ahora lo hace con cierta frecuencia a Valladolid (España), donde radica su hija Ana María –quien es una reconocida diseñadora de modas-. Le gustaría conocer la Gran Sabana antes que otros destinos internacionales, no sólo porque es un lugar hermoso sino porque, a estas alturas de su vida, prefiere estar siempre lo más cerca posible de su hogar.

Redactor: Jairo Márquez Lugo

Fotos: Fabián Méndez






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