J se levanta con el tiempo justo para llegar a la primera reunión de trabajo del día. Pide un taxi por el móvil mientras toma el último sorbo de café. Tras la jornada de mañana, y aprovechando que hace muy bueno, utiliza un patinete eléctrico para llegar al restaurante donde ha quedado con un amigo. Vuelve a la oficina en bicicleta —no había ningún carsharing a mano— y, al acabar el día, se decide a regresar a casa con un VTC, que en ese momento está a buen precio por la baja demanda.

Seguir leyendo.

Fuente: EL PAÍS
Ir al artículo original

You may also like