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Reino Unido y Alemania abren el camino a los corredores turísticos con Canarias

Una de las instalaciones turísticas de la cadena RIU en Gran Canaria, cerrada por la bajada del turismo.quique curbelo

“Esto se va pa’al carajo… Tal y como están la sociedad y el turismo, no llegamos a diciembre”. Habla Domingo Espino, empresario turístico con 30 años de experiencia y actual gerente de complejos de apartamentos en Maspalomas. “Está claro que una buena temporada de invierno no vamos a tener”, asegura Jorge Marichal, presidente de los hoteleros de la provincia de Santa Cruz de Tenerife y de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos. “Pero estamos trabajando para tener una apertura parcial que pueda salvar el sector y lograr que sirva de tracción para el resto de la economía.

El turismo en Canarias está actualmente rondando el mínimo justo cuando empieza la temporada de otoño-invierno, su temporada alta. Según cálculos del sector, el sector cuenta con un 20% aproximado de instalaciones abiertas, y ninguna de ellas pasa del 30% de ocupación, con lo que la ocupación total en el archipiélago, estará en el 7%. “La criba está siendo muy fuerte”, sentencia Marichal. “¿Quieren la debacle social, que en Canarias haya un paro del 50% y que tengamos tasas de pobreza insostenibles? Pues que sigan sin hacer nada, porque este invierno nos lo jugamos todo”, aseguran fuentes empresariales que prefieren no ser desveladas.

“Hacer previsiones en Canarias cuando la activación del turismo depende de las condiciones sanitarias es bastante temerario”, asegura Agustín Manrique de Lara, presidente de la Confederación de Empresarios y del Círculo de Empresarios de Gran Canaria. “Pero personalmente pienso que a mediados de octubre volveremos a tener unos leves movimientos turísticos y que tardaremos entre tres y cinco años en recuperar los volúmenes de 2019”. La consecuencia, según Manrique de Lara, que el archipiélago tendrá que soportar “unos importantes índices de desempleo y una acusada divergencia de renta per cápita respecto a la media nacional”.

Temporada alta

La temporada de invierno, cuando cierran mercados como el balear y el catalán, suele traer llenos turísticos y precios más altos. Eso, en un año normal, apelativo que no se ajusta en nada a 2020. Entre enero y julio de 2019, entraron a las islas por vía aérea 8,8 millones de turistas. Este año, la cifra se ha reducido en un 61% hasta apenas 3,3 millones de visitantes, con sendos ceros turísticos en abril y mayo. Y no solo está la afluencia, también es una cuestión de precio. Los ingresos por habitación disponible (conocido como RevPAR en el sector) han pasado de 61,74 euros en julio de 2019 a apenas 26,43 este año, un descalabro de casi el 70%, según las cifras del Instituto de Estadística de Canarias (ISTAC). Estas cifras han llevado a cadenas hoteleras como Lopesan (la mayor de las islas), Riu o Bull a cerrar establecimientos que habían decidido reabrir tras acabar el confinamiento, y que se unen a otros establecimientos ya cerrados de empresas como Satocan.

La primera señal de alarma se sonó a finales de julio, cuando Reino Unido impuso la cuarentena a todos los turistas que procedieran de Canarias. El golpe de gracia, sin embargo, lo dio Alemania a principios de septiembre, cuando incluyó a las islas dentro de la lista de zonas consideradas de riesgo por la prevalencia de los contagios de coronavirus. Estos dos países son los principales emisores de turistas y suponen el 55% de los visitantes totales.

Alternativas

La cuestión es que las islas cuentan con pocas alternativas al turismo de masas al que ha confiado de forma directa el 35% de su PIB y el 40% del empleo. “No nos engañemos, el turismo vacacional como modelo de negocio se fundamenta en el volumen, en la eficiencia y en la sostenibilidad”, asegura el consejero delgado de Lopesan, Francisco López. “No vamos a salir de esta crisis buscando a un nicho que por otra parte es minúsculo en términos de volumen”. Y, en todo caso, lo que impera es el corto plazo: es decir, salvar miles de empresas y puestos de trabajo.

Las esperanzas para empresarios y trabajadores pasan por varias medidas. Sobre todo por una: lograr pactar los llamados corredores turísticos, que faciliten el traslado de viajeros entre dos puntos (obre todo entre Alemania y Reino Unido hasta el archipiélago). “El objetivo es salvar la temporada de invierno en Canarias”, aseguró la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, durante una visita a Canarias el pasado 12 de septiembre. El plan para lograr estos corredores se presentará a la Comisión Europeael próximo 28 de septiembre, según las previsiones de la ministra.

El tema suscita una rara unanimidad entre todos los agentes sociales. Las patronales turísticas de Canarias y los sindicatos con representación en el subsector han anunciado este viernes “frente común” para urgir a las administraciones públicas la puesta en marcha de estos corredores. Las organizaciones subrayan en una declaración conjunta la “gravedad” de la actual situación y la necesidad de establecer de forma “inmediata y urgente” las medidas sanitarias necesarias para que “en el ámbito de la Unión Europea se eliminen las actuales restricciones, recomendaciones y cuarentenas que ponen en peligro” la temporada alta de invierno con consecuencias “ya irreversibles” para la economía canaria.

El primer paso para lograr este corredor fue el visto bueno por parte de Madrid a los test PCR en origen y destino para los turistas que visiten las islas, lo que podría aliviar las exigencias de cuarentenas. Estos test, de hecho, han constituido una reclamación tanto del Gobierno de Canarias como de los empresarios desde que se levantó el confinamiento. El retraso en su implantación no ha sentado nada bien entre los hoteleros. “Es una medida que propusimos, por la que luchamos, y en la que insistimos ahora hace tres meses, cuando Canarias era una zona segura, y el peligro era infectarnos nosotros de los turistas”, sentencia Francisco López. “Ahora son ellos los que temen contagiarse de nosotros. Apoyamos la medida, pero ya no cura la enfermedad”.

En todo caso, insisten los empresarios, será necesaria además una prórroga de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). “Y no hasta final de año, como negocian el Ministerio de Trabajo y los agentes sociales con carácter general, si no hasta que se recupere de forma estable la conectividad aérea y la capacidad de recibir turismo de los principales países emisores”, finaliza Manrique de Lara.

Fuente: EL PAÍS
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