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Isabel Celaá: “Los beneficios de la escuela son muy superiores a los riesgos”

El comienzo del curso se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para las autoridades políticas, aterradas por una ola de contagios escolares, y ello ha llevado a orillar un problema no menor: el temario que se dejó a medias en el 2019-2020. Porque los alumnos han cursado el tercer trimestre desde casa con una metodología improvisada y las lagunas son evidentes. Tras la conferencia multisectorial de este jueves, la ministra de Educación, Isabel Celaá, aseguró que este escenario está previsto en el acuerdo de junio con las autonomías: “Deben ser los centros los que hagan las adaptaciones curriculares para readaptar los contenidos de aprendizajes esenciales, aunque obviamente deben de ser orientados por las autoridades educativas de sus comunidades”. Y añadió: “El ministerio, como siempre, está disponible para ayudar a las autonomías en este trabajo. Ahora no hay que hacer solo un acompañamiento cognitivo en las necesidades de los alumnos, sino emocional. Los centros educativos ya han preparado sus protocolos”.

Vicent Mañes, presidente de la Federación de Asociación de Directores de Centros de Primaria e Infantil, Fedeip ―que agrupa a 2.500 profesionales―, relata una gran implicación del claustro en esta faceta pedagógica. “En la Comunidad Valenciana, donde vivo, han hecho los protocolos y tengo constancia que también en la mayoría de las comunidades porque esto emanaba de unas directrices del ministerio. Aunque luego el grado de regulación es distinto en cada comunidad”. Nicolás Fernández Guisado, secretario general del sindicato de profesores de la pública ANPE, cree sin embargo que esa faceta apenas se ha abordado.

“El planteamiento general en el último trimestre fue recomendar no avanzar contenidos, que todo fuese refuerzo y que todo eso se concentrara en las programaciones didácticas de este curso. Estamos hablando mucho de termómetros, de geles, de salidas… y no de contenidos académicos”, prosigue Mañes. Recuerda que en junio los colegios tuvieron que hacer unos informes individualizados de los alumnos con los contenidos que habían dejado de trabajar y con el grado de consecución del trabajo del tercer trimestre. “Este es el punto de partida para hacer la programación de este curso. Hay varias opciones: dedicar los dos primeros meses a trabajar contenidos del curso anterior y programar luego el curso siguiente de otra manera, o integrar los contenidos no trabajados en el curso en la programación de este”. Distintas opciones porque “se deja a libre disposición de cada centro al haber autonomía pedagógica”, señala el maestro valenciano.

Raimundo de los Reyes, presidente de la Federación de Directores de Instituto (Fedadi), explica que en secundaria solo se avanzó en contenidos si había garantías de que toda la clase tenía acceso a la información y, en todo caso, no se evaluó. Él ha elaborado el protocolo de su instituto en base al llamado “plan de continuidad” elaborado por el Gobierno de Murcia. “En él se explicaba cómo había que rehacer las programaciones, de manera que se tuviese en cuenta lo que se había dejado de impartir, y de eso, qué era esencial recuperar. Y eso, a su vez, tenerlo en cuenta en función de los distintos escenarios [de aislamiento] que puede haber”.

“Estamos hablando mucho de termómetros, de geles, de salidas… y no de contenidos académicos”

El desdoble de los grupos para evitar contagios favorecerá el repaso pero el responsable de ANPE duda mucho que los 41.000 contratos anunciados por las autonomías terminen siendo una realidad. “Yo no los he visto. A ver qué parte de ellos son jubilaciones”, preconiza. Según sus cálculos se necesitarían 50.000 docentes solo en la enseñanza pública para aumentar los claustros en un 10%.

“El problema, más que de las asignaturas, es la fórmula en la que se ha trabajado. En Infantil y Primaria la educación trabajamos no solo contenidos, sino maneras de trabajar. La interacción y la socialización son vitales en estas etapas”, continúa Mañes. Por eso cree que a esas edades los contenidos en esta etapa son más fáciles de recuperar. “Ahora nos tenemos que fijar mucho en los aspectos emocionales ―hay niños a los que ha afectado mucho― y en adaptar la metodología a las nuevas condiciones. No vamos a poder trabajar en grupos”.

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Fuente: EL PAÍS
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