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Un hombre cruza la Puerta del Sol de Madrid el pasado 5 de abril, durante el estado de alarma.Alvaro Garcia

El 2 de abril, las hospitalizaciones por coronavirus alcanzaron su tope en los principales hospitales de la Comunidad de Madrid (16.174 pacientes), según los datos del artículo Impacto de la covid-19 en el sistema hospitalario de Madrid, publicado en junio en la revista Enfermedades infecciosas y microbiología clínica. Tres días después, el 5 de abril, llegó lo peor: las unidades de cuidados intensivos de esos centros se saturaron hasta el 291% mientras atendían a 1.520 enfermos. En algunos quirófanos, detallan los autores del artículo, basado en datos de 42 hospitales madrileños, había camas reservadas para los pacientes que luchaban por su vida. Lo mismo ocurría en unidades pediátricas. O en departamentos de reanimación postquirúrgica. El relato del colapso del sistema sanitario de Madrid durante la primera ola del coronavirus, que obligó a construir el hospital de Ifema, es ahora toda una advertencia: aún muy lejos de las cifras de aquellos días, la región vuelve a ser azotada por los rebrotes de la pandemia.

“Nuestros datos demuestran dramáticamente como la covid-19 puede colapsar sistemas sanitarios en países desarrollados (…)”, se lee en el artículo. “Necesitamos aprender de estas experiencias devastadoras y prepararnos para frenar futuros brotes mucho antes de que alcancen la magnitud lograda por la epidemia en Madrid”.

La mayor preocupación es el cansancio físico y mental de los clínicos

Emilia Condés, cofirmante del estudio

¿Se está haciendo eso ahora en la Comunidad? “Nosotros vimos a adultos en UCI pediátricas, a enfermos agudos en pasillos, UCI en quirófanos…”, contesta José Ramón Arribas, jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas de La Paz, miembro del grupo de expertos con el que contó el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso al principio de la pandemia y coautor de un estudio basado en datos de 28 hospitales públicos y 14 privados. “Ahora vamos más lentos en la evolución de la enfermedad, pero la impresión es muy mala”, advierte este experto tras ver cómo los centros participantes en el estudio tenían ocupadas el 100% de sus camas de agudos el 25 de marzo, cuando ya se habilitaban gimnasios, pasillos o bibliotecas para atender a pacientes. “Soy muy pesimista. No se ha reforzado la atención primaria, ni salud pública. No vamos por buen camino: vamos a lo mismo que en marzo y abril”.

“Esto se preveía para otoño, no para la tercera semana de agosto”, coincide sobre la nueva oleada de casos Emilia Condés, directora académica de la universidad europea, médico de familia y estadística, además de cofirmante del estudio. “Esa es la preocupación: vienen los colegios, la campaña de la gripe… y hacer el diagnóstico del coronavirus frente a la gripe va a ser muy complicado”, añade en referencia a que los dos virus pueden producir síntomas parecidos. “Pero la mayor preocupación es el cansancio físico y mental de los clínicos”, subraya. “Como va ahora mismo la curva no vamos a la velocidad de marzo, y espero que hayamos aprendido de la primera oleada para no llegar al pico de abril. Estoy convencida de que nuestros gestores habrán aprendido del varapalo”.

El máximo de pacientes hospitalizados por coronavirus en los 42 hospitales que participaron del estudio se alcanzó el 2 de abril, con 16.174. Y la avalancha de positivos e ingresados por coronavirus obligó a suspender “casi todas” las actividades hospitalarias y quirúrgicas que no estaban relacionadas con la pandemia entre el 28 de marzo y el 7 de abril, según el artículo.

La consejería de Sanidad, preguntada por EL PAÍS, no se pronunció ni sobre los datos ni sobre las conclusiones del estudio. Sus propias estadísticas, publicadas en un informe diario que incluye el total de hospitales regionales, indican que el pico de ingresados en los hospitales de la región se produjo entre el 30 de marzo y el 7 de abril. En aquellas fechas, Madrid era escenario de una doble batalla: la sanitaria, con los profesionales extenuados por la guerra contra el virus, y la política, con el Gobierno regional confrontando con el central.

“La sanidad madrileña no está colapsada como dicen los bulos, pero necesitamos más material del que nos envía el Ministerio de Sanidad”, decía por esas fechas (20 de marzo), la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. “Y si no, que descentralicen como antes porque nos iba mucho mejor”.

Unas palabras matizadas por la propia líder del PP en junio, durante una comparecencia parlamentaria: “Se ha hecho lo humanamente y técnicamente posible con lo que se tenía, con lo que se conocía, en esas noches de altísima tensión, en las que los hospitales y las urgencias estaban colapsados”, dijo en la Asamblea.

Porque hubo hospitales que superaron el máximo de sus posibilidades. Y 16.043 profesionales sanitarios se contagiaron, según una respuesta parlamentaria. Y hubo que contratar a 8.095, según información gubernamental, para reforzar a esas plantillas diezmadas por el cansancio y la enfermedad. Y se debió multiplicar el número de camas de cuidados intensivos, de 641 a más de 1.500. Y en paralelo murieron 15.000 personas y se contagiaron más de 100.000, cifras que siguen creciendo y conjugándose en presente.

Ahora, el virus vuelve a golpear a la Comunidad de Madrid, que este lunes notificó 1.378 ingresados por coronavirus, 168 en unidades de cuidados intensivos, y 332 nuevos casos comunicados en las últimas 24 horas.

Muchas cosas han cambiado con respecto a la primera oleada. El Gobierno regional dice disponer ahora de un stock de equipos de protección que le permitiría pertrechar de mascarillas, gafas, batas y guantes a sus sanitarios durante 75 días. El hospital de campaña de Ifema podría activarse de nuevo rápidamente y todos los centros cuentan con planes para reordenar su actividad y recursos en función de la evolución de la pandemia, según los gestores regionales. El uso de las mascarillas es ya generalizado, además de obligatorio, entre la población. Y el descenso de la mediana de edad de los contagiados, ya por debajo de los 40 años, facilita el tratamiento y reduce el riesgo de muerte.

Los problemas, sin embargo, también se acumulan. Tras desaprovechar la tregua que dio la enfermedad durante junio y medio julio, el Ejecutivo de Díaz Ayuso busca rastreadores a toda prisa para identificar a las personas que hayan estado en contacto con los nuevos contagiados, y contener la expansión del virus. Los sanitarios piden refuerzos, agotados tras meses de lucha. Y el fin del verano amenaza con estresar aún más el sistema sanitario: en septiembre retornarán todos los residentes en Madrid que dejaron la región por vacaciones, se multiplicarán los usuarios del transporte público, y, previsiblemente, los estudiantes volverán a coincidir en clase. Caldo de cultivo para una segunda oleada del virus.

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Fuente: EL PAÍS
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