Europa da pasos atrás ante el temor a una segunda ola de contagios

El 13 de marzo, a la hora de comer, Pedro Sánchez compareció ante los españoles para anunciar que había decidido decretar el estado de alarma por la situación del coronavirus. El día antes, cuando se estaba perfilando esta decisión, Sanidad había notificado 810 positivos en 24 horas. El informe del Ministerio de Sanidad de este jueves ha reportado 922 diagnósticos en un día. Sin embargo, la situación es radicalmente diferente.

Existen varias razones para que, aunque la evolución de la epidemia está tomando una senda cada vez más preocupante, el análisis de los datos sea muy distinto al de hace cuatro meses. Los expertos coinciden en al menos tres motivos: la capacidad de detectar casos (en número y en velocidad), el perfil de los infectados y el conocimiento del virus, tanto desde el punto de vista médico como social.

Los 810 nuevos positivos del 12 de marzo, que pasaron a ser 1.259 un día después, eran una pequeña punta del iceberg. Por entonces, prácticamente a las únicas personas que se les hacía una prueba PCR era a las que estaban tan graves que necesitaban ingreso hospitalario. A las demás, si presentaban síntomas leves, se les pedía que se quedaran en casa y no computaban en la estadística. De los que no mostraban signos no había ni pistas. Ahora, la mayoría de los nuevos casos son asintomáticos, a los que se ha llegado a través del rastreo.

Una cifra que es importante, señala Andrea Burón, de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas), es el porcentaje de pruebas positivas de todas las que se hacen. “Si es muy alto significa que estamos infradiagnosticando y que la enfermedad está mucho más extendida de lo que dicen los datos”, asegura. No hay cifras precisas de marzo, pero al restringirse las pruebas prácticamente a quienes necesitan ingreso hospitalario, la mayoría daban positivas. Los primeros datos para España que recoge la web Our World in Data (apoyada por la Universidad de Oxford) son del 20 de abril. Entonces, el porcentaje de positividad estaba en el 27%. Ahora en el 7%, según dijo en su última comparecencia María José Sierra, jefa de Área del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. Esto, de alguna forma, refleja que la situación está más controlada que en abril, mucho más que en marzo, pero la estadística también muestra que el porcentaje está creciendo: a principios de junio, cuando la epidemia estaba tocando su suelo en España, solo el 0,8% de las PCR que se hacían daban positivo.

La situación está indudablemente empeorando. Los casos de inicio de síntomas en los últimos siete días llevan disparados desde el 18 de junio, cuando tocaron su suelo: entonces fueron 143 y en los datos de este viernes, 2.076, 14 veces más. Pero lo hace de una forma más progresiva y controlada: de hecho esta era una estadística que en marzo ni siquiera existía. La ola que se vino encima entonces quizá se podía intuir, pero ahora se ve venir con más antelación, en parte porque además de tener mejores datos, son más rápidos. Mientras que al principio pasaban alrededor de dos semanas desde que una persona se contagiaba hasta que aparecía en las estadísticas, ahora se demora escasos días. Apenas uno o dos desde el inicio de síntomas. “En marzo cuando nos dimos cuenta ya teníamos los hospitales saturados, ahora primero estamos detectando leves y asintomáticos y vemos los ingresos en los hospitales de una forma mucho más paulatina”, explica Burón.

Según los números de este viernes 327 personas requirieron hospitalización en la última semana. La estadística de ingresos no comenzó a publicarse hasta el 22 de marzo. Y aquí es cuando los datos sí que no se parecen. Ese día —no en la semana, solo en 24 horas— fueron hospitalizadas 2.272 personas. Pero si hay algo que no cambia con respecto a marzo, o al menos no del todo, es que las cifras siguen sin ser precisas. Entonces lo eran mucho menos, pero la propia Sierra ha explicado esta semana que las comunidades van con retraso en la notificación y que el dato de ingresos hospitalarios que publican está desactualizado.

En Cataluña, por ejemplo, las estadísticas del Ministerio de Sanidad solo han registrado 26 en los últimos siete días, mientras que las de la Generalitat elevan las hospitalizaciones por encima de los 300 semanales desde hace una semana, es decir entre 40 y 50 al día. A la estadística nacional le faltan nueve de cada 10 casos porque la comunidad no los sube en tiempo y forma al SiViES, el sistema de notificación individualizada que se viene usando para reflejar las estadísticas desde el 25 de mayo. Fuentes de Sanidad explican que Cataluña siempre fue la comunidad más rezagada en proporcionar cifras a esta base de datos.

Más allá de los datos, otro factor clave y diferencial con respecto a marzo es, en opinión de José Martínez Olmos, profesor de la Escuela de Salud Pública de Andalucía, que las personas mayores, las más susceptibles a caer gravemente enfermas, están más protegidas: “Tenemos mejor controladas las residencias. Si protegemos a los mayores, incluso aunque la incidencia del virus en términos numéricos sea igual, tendrá un impacto mucho menor en letalidad y carga del sistema sanitario”, explica.

Un tercer factor sería que mientras el coronavirus era un desconocido hace cuatro meses, ahora tanto los científicos como la población saben mejor cómo comportarse ante él. No hay que olvidar que los casos que se registraban en marzo eran contagios de finales de febrero, cuando no había prácticamente ninguna medida de protección frente al virus. “Ahora se aplican muchas, todo es mejorable, pero tenemos las mascarillas, restricciones de movilidad cuando se ven necesarias, el acotamiento del ocio nocturno, incluso los sistemas de salud pública, que aunque tienen deficiencias están consiguiendo rastrear los casos, sobre todo en las comunidades con menos incidencia”, señala Burón.

Y algunos expertos señalan incluso un cuarto factor por el que no es equiparable lo que se vive ahora con lo que vivimos en marzo: por pequeña que sea la inmunidad que se ha generado en la primera ola, ya puede suponer un obstáculo adicional para el virus. “Todo suma, aunque no podamos hablar de inmunidad de rebaño”, puntualiza Burón. En un artículo de Nick Spyropoulos, experto en modelos matemáticos, señala que incluso pequeños porcentajes de personas inmunizadas pueden reducir algo el avance del virus. Es algo que prácticamente no se notaría en los lugares donde la incidencia fue baja (que según la encuesta de seroprevalencia hecha por Sanidad tienen alrededor de un 1% de personas que han estado en contacto con el virus), pero que sí podría tener alguna influencia en donde se propagó con porcentajes superiores al 10%.

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Fuente: EL PAÍS
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