Elecciones gallegas y vascas 12-J, en directo | Cierran los colegios electorales en Galicia y País Vasco

Pablo Iglesias (a la derecha) junta al candidato de Galicia en Común-Anova, Antón Gómez-Reino, esta semana en A Coruña.M. Dylan / Europa Press

La estrategia para la primera prueba electoral de Unidas Podemos desde su entrada en el Gobierno estaba clara. Por un lado, hacer bandera de las medidas sociales aprobadas en los seis primeros meses del Ejecutivo central y, por otro, exportar el sistema de coalición para acabar con dos de los más férreos poderes autonómicos de España: el PP en Galicia y el PNV en Euskadi. A la espera de lo que pase este domingo en las urnas, la idea de crear dos tripartitos —PSOE, BNG, Galicia en Común y PSOE, EH Bildu y Podemos— tiene difícil recorrido. El presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, acaricia la mayoría absoluta, según las encuestas, y en el País Vasco, donde los números podrían dar, el PSOE preferiría sostener al PNV antes que acercarse a Bildu.

La realidad se impone así a un diseño electoral que pasaba por situar a Unidas Podemos como el actor necesario para un poder renovado y de izquierdas en ambas comunidades, pese a lo mediocres que se anticipan sus resultados. Las encuestas no vaticinan que la línea descendente que inició Podemos tras los comicios de 2016 vaya a tener una recuperación en V por el mayor poder de los de Iglesias en Madrid. Al contrario, en Galicia podrían pasar en cuatro años de segunda a cuarta fuerza y en Euskadi de tercera a cuarta de ser superados por el PSOE. De confirmarse los datos, el poder territorial de Podemos en ambas comunidades quedaría bajo mínimos.

Ni siquiera enarbolar la bandera de una de las ministras mejor valoradas del Ejecutivo, la ferrolana Yolanda Díaz, con sus múltiples visitas a Galicia en los últimos días, parece funcionar como paliativo frente a una jornada electoral que nació marcada por lo excepcional. La convocatoria durante el estado de alarma y en medio de la pandemia y su celebración acechada por los rebrotes marcarán unas elecciones autonómicas atípicas en las que el vicepresidente Iglesias ha retomado en su discurso público una retórica que había dejado atrás con la investidura y su entrada en el Gobierno.

Podemos y su líder recurrieron en sus últimas estrategias electorales de 2019 a mantener el dedo acusador sobre las cloacas del Estado y el espionaje al que fue sometido la formación, acreditado a través de varios informes atribuidos a la policía patriótica que buscaban socavar la credibilidad de la formación tras sus primeros éxitos electorales en 2015 y 2016. Pero esta estrategia no formaba parte del guion de campaña de un vicepresidente segundo, como le habían aconsejado personas de su entorno, que le habían pedido abandonar ese tono público tan bronco.

El giro judicial que ha dado en las últimas semanas el caso Dina, en el que Iglesias constaba como víctima por el robo del teléfono móvil a una de sus exasesoras y cuyo contenido personal y sobre el partido acabó publicado en varios medios, ha hecho al líder sacar la estrategia del cajón. Ahora que el juez le ha quitado su condición de perjudicado para investigar por qué no devolvió la tarjeta del móvil a su dueña nada más recibirla de la revista Interviú, y si intentó dañar el dispositivo, Iglesias ha recuperado parte de su esencia precoalición, cuando se presentaba en los mítines azuzando la connivencia del bipartidismo con las cloacas del estado y la policía patriótica.

En un acto de campaña en Bilbao estos días, respondió así a los ataques de la oposición del PP, Ciudadanos y Vox, que han pedido su comparecencia en el Congreso para explicar qué pasó con la tarjeta: “Hicieron lo que no está escrito para reventarnos y para evitar que pudiéramos estar en un Gobierno de este país y ahora van a hacer lo que no está escrito para intentar sacarnos de ese Gobierno”.

Fuente: EL PAÍS
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