Sanidad cree que la Generalitat debió confinar Lleida antes

La acelerada circulación del coronavirus en la comarca del Segrià, cuya capital es Lleida, ha hecho crecer la tensión entre el Ministerio de Sanidad y la Generalitat. Fernando Simón, director de emergencias, apuntó ayer al Gobierno catalán por haber tardado más de lo que a él le “hubiera gustado” en decretar el sábado el confinamiento de la zona, a la que solo se puede entrar y salir por motivos laborales.

“Gracias, pero ahora las decisiones se toman desde Cataluña. Aquí tenemos los datos, estamos sobre el terreno y conocemos la realidad. No se puede gobernar desde un despacho a 600 kilómetros”, fue la fría respuesta de la Consejería de Salud, que la semana pasada ya mostró su disgusto por el hecho de que Simón anticipara la posibilidad de decretar un confinamiento en la zona.

El cruce de declaraciones llega después de que la preocupación de los expertos no haya dejado de crecer desde el viernes, cuando la Generalitat instaló un hospital de campaña junto al de la ciudad de Lleida, el Arnau de Vilanova. En la UCI del centro había ayer ocho ingresados por coronavirus, dos más que el viernes y el doble que hace 10 días. La cifra de hospitalizados en la comarca, que tiene 210.000 habitantes, asciende a 57 y el Gobierno catalán recluta a voluntarios en la red pública para reforzar a este centro sanitario.

La Generalitat, que ayer informó de que el número de brotes en el Segrià ha saltado de siete a 14 en una semana, anticipó que espera que los casos sigan creciendo en los próximos días y no descarta endurecer el confinamiento y hacer que los vecinos de la zona deban permanecer en sus domicilios.

Simón aseguró ayer sobre la decisión de la Generalitat: “Es un acto valiente. A mí me hubiera gustado que la tomaran antes”. El portavoz dijo estar “muy preocupado” por el brote, pero extendió esa inquietud a “todos los que se producen”. “En general, se están controlando correctamente pero hay algunos que están adquiriendo un volumen, un número de casos muy por encima de lo deseable”, añadió.

El de Lleida es el más notable de los episodios en los que el SARS-CoV-2 está acelerando su circulación en España. Con cada medida de control que el virus sortea crece la preocupación entre los expertos. La situación ha obligado a confinar también a otras 80.000 personas en la zona costera de A Mariña (Lugo). Y como recordó ayer el jefe de servicio de Epidemiología de Lleida, Pere Godoy, cuando la curva epidemiológica se empina, “cuesta mucho” hacerla bajar.

El País Vasco ha puesto en marcha todos los mecanismos para evitar que los siete casos diagnosticados en Gipuzkoa sin otro vínculo epidemiológico que haber acudido a una zona de bares de Ordizia vayan a más. Y sigue preocupando el goteo de pequeños brotes en zonas como Granada (con ocho focos, aunque la cifra está estabilizada desde el viernes) o en Albacete, donde un edificio ha sido confinado tras detectarse en él nueve casos.

Para los expertos era “previsible” la proliferación de pequeños brotes tras la desescalada, pero la necesidad de confinamientos dos semanas después del fin del estado de alarma ha encendido las alarmas. “Era algo evitable. Seguimos careciendo de un sistema de vigilancia epidemiológica con medios para rastrear, identificar y aislar a todos los contactos”, alerta Fernando García Benavides, catedrático de Salud Pública de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

“La desescalada tenía que mostrarnos si somos capaces de controlar rápido los brotes. La situación es preocupante y aunque creo que es aún pronto para alarmarnos, sí tenemos que estar muy encima”, defiende Jesús Rodríguez Baño, jefe de servicio de enfermedades infecciosas del Hospital Virgen de la Macarena (Sevilla). Administraciones y expertos destacan que los nuevos diagnosticados son más jóvenes y sanos —muchos incluso asintomáticos— que los de marzo y abril. Este es un dato positivo, porque significa que las cadenas de contagio se identifican y cortan antes. Pero la otra cara de la moneda es que muchas parece que se están escapando.

Ildefonso Hernández, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), también ve algunas grietas en los sistemas de vigilancia. “Sabemos que es clave reducir al mínimo el tiempo desde el inicio de los síntomas al diagnóstico. Y estamos viendo que en algunos casos se está tardando algunos días. Serán casos anecdóticos, pero son anécdotas reveladoras”, resume.

El brote de Lleida coincide con el vivido en las últimas semanas en cuatro comarcas vecinas de Aragón —tres en Huesca y una en Zaragoza—, que también han sufrido un importante repunte este fin de semana, cuando han sumado 41 casos hasta un total de 410. La relación entre los brotes parece evidente por el trasiego constante de personas entre ambas zonas. Unos movimientos que no se han detenido a pesar de que Aragón decretó el regreso a la fase 2 de la desescalada hace dos semanas. Muchas de ellas son trabajadores del campo, ya que toda la zona está en el punto álgido de la campaña de recogida de la fruta, que ha atraído a cerca de 30.000 temporeros a uno y otro lado de la frontera. La consejera de Salud catalana, Alba Vergés, pidió el pasado viernes a los habitantes de las zonas de Aragón cercanas a Lleida que evitaran desplazarse al hospital Arnau de Vilanova.

Fernando Simón afirmó ayer que esta relación no ha podido ser demostrada, aunque el origen común no es descartable. Una hipótesis es que el hecho de que Aragón no haya restringido la circulación de personas ha facilitado un efecto contagio sobre Lleida. Otra posibilidad es que ambos brotes, que ya suman casi 900 casos, se iniciaran más o menos a la vez pero que fue detectado antes por Aragón, cuya intervención más rápida habría evitado que el virus se propagara en esa comunidad.

Santiago Moreno, jefe de servicio de enfermedades infecciosas del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), se declara “optimista, por naturaleza y porque se está actuando antes y de forma más contundente”. Pese a ello, este especialista también ve señales preocupantes. “Hay brotes que crecen pese al calor, que confiábamos que frenara los contagios. Y en unos días empezarán a llegar los turistas”.

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Fuente: EL PAÍS
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