El acaparamiento del remdesivir por la Administración Trump estaba cantado, y es solo el primer indicio de un fenómeno del que hablaremos mucho en los próximos meses y años: el nacionalismo vacunal. El remdesivir no es una vacuna, sino un fármaco antiviral, pero el efecto de las fronteras nacionales sobre la gestión de la pandemia es el mismo que veremos pronto con las vacunas. Esto será un error garrafal, pues un virus global necesita soluciones globales, pero ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni cualquier otra del puñado de instituciones internacionales relevantes tienen la menor idea de cómo evitarlo. No es ya que carezcan de la potencia coercitiva necesaria, sino que luchan contra una fuerza natural más poderosa que un tsunami: el egoísmo.

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Fuente: EL PAÍS
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