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EE UU compra casi toda la producción de remdesivir, el primer fármaco que trata la covid

Un hombre se somete a una prueba de diagnóstico en Miami.
Un hombre se somete a una prueba de diagnóstico en Miami.CHANDAN KHANNA / AFP

Estados Unidos reportó el jueves 40.000 nuevos casos de covid, batiendo el récord de contagios diarios por segundo día consecutivo. Al menos cuatro Estados (Alabama, Alaska, Montana y Utah) registraron su máximo diario. California sobrepasó el jueves los 200.000 casos constatados, el doble que el mes pasado. En Estados del sur y del oeste, con los hospitales amenazados de colapso por el coronavirus, los gobernadores frenan los planes de levantar gradualmente las restricciones al movimiento. Incluido el gobernador de Florida, el republicano Ron DeSantis, que en abril alardeaba de su aparente éxito en contener al coronavirus y bloqueaba la entrada a los visitantes de Nueva York, epicentro de la pandemia, entre elogios de la Casa Blanca. “Jugó usted a la política con el virus y ha perdido”, le dijo a DeSantis el jueves Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, Estado que ha pasado de registrar mil muertes diarias en abril a apenas 17 este jueves.

En Texas, solo un día después de anunciar que se pausaría el avance en la desescalada pero no se impondrían nuevas restricciones, el gobernador republicano Greg Abbott ha publicado este viernes una orden ejecutiva que impone una notable marcha atrás: los bares deberán cerrar al mediodía y los restaurantes, que operaban hasta ahora a un 75% de capacidad, deberán hacerlo a partir del lunes a solo un 50%.

Los datos confirman la ruptura de la tendencia descendente que venía registrándose desde que el 24 de abril se contabilizaron 36.738 positivos. En un reconocimiento del cambio de escenario, el equipo de trabajo del coronavirus del Gobierno ha vuelto a comparecer este viernes a primera hora de la tarde (hora de Washington), en su primera sesión informativa pública en dos meses. El pasado 5 de mayo, cuando el país registraba 70.000 muertes por covid, algo más de la mitad que ahora, el vicepresidente Mike Pence anunció el desmantelamiento del equipo de trabajo debido al “tremendo progreso” en la situación en el país. De ahí la carga simbólica de ver de nuevo a los médicos hablando a los ciudadanos en nombre de la Administración.

La reunión, sin embargo, se ha celebrado en la sede del Departamento de Salud y no en la Casa Blanca, como se hacía de manera casi diaria hasta el 27 de abril, y no ha comparecido el presidente Trump, sino el vicepresidente, a quien el comandante en jefe encargó a finales de febrero la gestión de la respuesta a la pandemia, que ha reconocido que la situación es diferente a la de la última vez en que compareció el equipo. “Reconozco que es diferente que hace dos meses, tanto en nuestra capacidad de responder como en la naturaleza de aquellos que están siendo infectados”, ha dicho Pence. “Los jóvenes estadounidenses tienen una responsabilidad particular de asegurarse de que no llevan el coronavirus a lugares donde pueden exponer a los más vulnerables”.

En los nuevos casos destaca, en efecto, una proporción mucho más alta de contagiados jóvenes. Una constatación que, debido al temor de que los jóvenes con menor sintomatología puedan contagiar más, ha hecho saltar las alarmas y ha llevado a las autoridades médicas a insistir en que se utilicen las mascarillas protectoras en los espacios públicos y se respete el distanciamiento social.

La doctora Deborah Birx, coordinadora de la respuesta al coronavirus, que visitará en los próximos días junto con el vicepresidente algunos de los Estados donde se producen los repuntes, ha reconocido que las altas tasas de resultados positivos en las pruebas diagnósticas, en Estados como Arizona, Florida, Misisipi y, sobre todo, Texas, preocupan a las autoridades sanitarias. “En mayo, después de la reapertura, la tasa de tests positivos seguía decreciendo mientras aumentaba el número de tests. Pero en las últimas dos semanas y media hemos observado esta inflexión de aumento positivos”, ha explicado.

La mayor incidencia entre los jóvenes, además de las mejoras en el tratamiento, es uno de los factores a los que los expertos atribuyen el hecho de que los fallecimientos no estén creciendo al mismo ritmo que los contagios. Las muertes diarias están ahora en torno a las 600, lejos de las 2.200 que se registraban en los peores días de abril. Pero el propio Anthony Fauci, prestigioso epidemiólogo y figura clave en la respuesta federal a la pandemia, advierte de que los decesos inevitablemente repuntarán, pues suelen ir a la cola de los contagios.

La tozuda realidad ha vuelto a poner en evidencia la disparidad entre el discurso de Trump y el consenso científico. “Cuando expandes las pruebas tanto como nosotros lo hemos hecho, vas a encontrar más gente, más casos, así que le he dicho a mi gente: ‘¡Bajad el ritmo de tests por favor!”, dijo el presidente el pasado sábado, en Tulsa (Oklahoma), durante su primer mitin de campaña tras la irrupción de la pandemia. Ahora, sin embargo, ha trascendido que su Administración se plantea un cambio en la estrategia de pruebas de diagnóstico, precisamente en sentido contrario al que indicaba el presidente. Se trata de la implantación de pruebas en grupo, en las que se testarían muestras de muchas personas a la vez para identificar y aislar más rápido a los infectados. Lo confirmó el propio Fauci a The Washington Post.

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Fuente: EL PAÍS
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