“Crecemos con sesgos. Aunque dos personas vean lo mismo, sacan conclusiones diferentes ante una misma imagen”, advierte Patricia Daimiel, directora general de Nielsen, una de las mayores compañías de medición y análisis de datos. Estos sesgos determinan la actitud ante la vida y la toma de decisiones. La compañía, en colaboración con Fundación La Merced Migraciones, ha desarrollado un proyecto para analizar los prejuicios que establecemos por la procedencia, religión, cultura, género u orientación sexual de las personas a partir de tecnologías existentes para estudios de mercado. Gafas que revelan qué se mira y mapas de calor de la actividad sensorial los desvelan.

La idea de este proyecto surgió ante la existencia de herramientas que ya utiliza Nielsen para analizar mercados y audiencias. “Quisimos darle la vuelta y aplicarlo a una cuestión social, poner la tecnología al servicio de la sociedad”, explica Daimiel. Para el estudio se recurrió a una de las tecnologías más accesibles: el Eye-tracking (seguimiento del ojo), que registra y mide los movimientos oculares y la posición de la pupila mediante luz infrarroja. Con los datos, se pueden identificar respuestas a estímulos visuales, así como patrones de miradas. En entornos controlados se puede realizar desde la cámara de un ordenador o con realidad virtual, pero para espacios más complejos, se recurre a gafas.

De forma complementaria se generaron mapas de calor, una representación termográfica que destaca en color rojo, naranja o amarillo los puntos de más interés frente a aquellos que no despiertan la atención y que se reflejan en azul o verde.

Los 23 voluntarios participantes en la prueba visionaron una decena de imágenes de personas refugiadas por La Merced Migraciones y se detalló qué era lo que les llamaba la atención. Una entrevista posterior permitió identificar los sentimientos que generaban las zonas más vistas de las fotografías. “Donde unos identificaban fiesta, lucha, inclusión u orgullo, otros veían normalidad, familia o aburrimiento. Las conclusiones diversas proceden de prejuicios; se sacan sin pensar”, apunta la responsable de Nielsen.

Daimiel cree que es un punto de partida importante para “generar conversación”, para analizar las respuestas. En este sentido, comenta que, ante los “patrones” que se representan debería haber una “respuesta responsable” (como en los modelos “perfectos” que se utilizan en la publicidad) o ser conscientes de los prejuicios para anticiparse a los problemas que causan, por ejemplo, en un proceso de selección de personal.

Existen otras tecnologías utilizadas en el análisis de mercado que se podrían aplicar en el ámbito de los sesgos. Son los casos de los electrocardiogramas (ECG), que miden la actividad del corazón y aportan información sobre el estado emocional; los galvanómetros (galvanic skin response, GSR), que detectan cambios sutiles en la sudoración; o las electromiografías faciales (EMG) para determinar los movimientos de los músculos de la cara ante emociones.

Estas herramientas, según Nielsen, pueden ayudar a la creación de grupos que sensibilicen a otros individuos o a gestionar la diversidad para atraer o retener talento y tener una guía de “responsabilidad de acogida”, entre otras medidas.

Combatir la islamofobia

Estas tecnologías no son las únicas herramientas que se utilizan contra los prejuicios. El Programa Nacional de Prevención de la Islamofobia, coordinado por la Asociación Marroquí para la Integración de Inmigrantes y cofinanciado por el Fondo de Asilo, Migración e Integración (FAMI), ha desarrollado la aplicación gratuita App Islamofobia, destinada a aportar información contra ese sesgo así como denunciar ataques islamófobos de forma anónima y segura y combatir el prejuicio, especialmente en Internet. “En la Red se produce el 46% de estos ataques”, explican los promotores de la aplicación.

En España residen dos millones de personas de religión islámica, que se suman a aquellas que, sin serlo, son etiquetadas como tales. Andalucía es, después de Cataluña, la comunidad autónoma donde mayor número de población musulmana. Los promotores disponen además de la web islamofobia.es.

Fuente: EL PAÍS
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